Yoga Genuth
AtrásUbicado durante décadas en la Avenida Medrano, el centro Yoga Genuth ha cerrado sus puertas de forma permanente, dejando tras de sí un legado complejo y una historia con matices que merece ser analizada. Para muchos de sus alumnos, este lugar fue un auténtico templo de la práctica de yoga, un espacio donde encontraron guía espiritual y un conocimiento profundo. Sin embargo, otras experiencias apuntan a una etapa final menos afortunada, marcada por una desconexión con los principios que hicieron grande al centro en sus inicios.
El Pilar del Centro: El Maestro Miguel Genuth
No se puede hablar de Yoga Genuth sin centrarse en la figura de su fundador, el Maestro Miguel Genuth. Las reseñas de quienes fueron sus discípulos durante años pintan la imagen de un guía excepcional. Lo describen como un "ejemplo viviente del yoga", destacando su eterna generosidad y una espiritualidad auténtica que trascendía la simple ejecución de posturas. La gratitud es un sentimiento recurrente en estos testimonios; alumnos que practicaron con él durante más de una década, desde su juventud, afirman que sus enseñanzas dejaron una marca imborrable en sus vidas. Esta devoción sugiere que el enfoque del centro bajo su dirección estaba profundamente arraigado en la filosofía del yoga tradicional, donde la relación maestro-discípulo es fundamental. El Maestro Genuth, quien tuvo una notable presencia mediática con un programa diario de yoga en televisión entre 1968 y 1974, provenía de un linaje de la orden Shankaracharia y había estudiado en la India, lo que aportaba una capa de autenticidad y profundidad a sus clases de yoga. Su fallecimiento en enero de 2019, como se confirma en comentarios de allegados, marcó un punto de inflexión definitivo para el centro.
Un Enfoque Tradicional y Multidisciplinario
La investigación sobre el Maestro Genuth revela un perfil fascinante que combinaba el yoga con el yudo, disciplina en la que alcanzó el grado de 4º Dan. Él mismo relataba cómo el yudo, o "camino de la flexibilidad", le abrió las puertas para enseñar yoga. Esta dualidad probablemente enriquecía sus clases, ofreciendo a los alumnos una comprensión del cuerpo y la mente desde múltiples perspectivas, fusionando la introspección del yoga con la disciplina y la conciencia corporal de las artes marciales. Ofrecía formaciones de maestría que podían durar entre dos y diez años, lo que indica un altísimo nivel de compromiso con la enseñanza profunda y no meramente superficial. Este enfoque serio y dedicado es lo que cimentó la reputación del centro durante gran parte de su existencia.
Los Desafíos de la Transición: Una Experiencia Diferente
En agudo contraste con los elogios al fundador, emerge una visión crítica que parece corresponder a una etapa posterior del centro. Una experiencia particular, calificada con la puntuación más baja, detalla una serie de problemas significativos que apuntan a un declive en la calidad del servicio. Esta crítica se centra en una instructora posterior, de quien se dice que carecía de la habilidad para demostrar las posturas de yoga y no ofrecía explicaciones adecuadas, mostrando una notable falta de consideración, especialmente hacia quienes se iniciaban en el yoga para principiantes.
Este testimonio es valioso porque detalla fallos operativos concretos que cualquier practicante consideraría inaceptables. Se menciona que las clases comenzaban con hasta 20 minutos de retraso, una falta de profesionalismo que consume un tercio del tiempo pagado por el alumno. Además, se describe una contradicción ambiental que socavaba el propósito mismo de la práctica:
- El dilema del silencio: La decisión de no usar música para "no distraer la mente" es una elección válida en muchas escuelas de Hatha Yoga tradicional, que buscan fomentar la concentración interna o dharana.
- El conflicto con el entorno: Sin embargo, esta política se volvía contraproducente al mantener las ventanas abiertas a la ruidosa Avenida Medrano. El sonido constante de tráfico, sirenas y camiones creaba un ambiente que era "todo menos relajante", dificultando la calma necesaria para la meditación y, sobre todo, para la relajación final en Savasana.
Esta desconexión entre la filosofía declarada (búsqueda de la quietud mental) y la realidad del entorno (ruido constante) representa una falla fundamental en la creación de un espacio sagrado y propicio para la práctica, un aspecto que el Maestro Genuth, con su profunda formación, seguramente cuidaba con esmero.
Reflexión Final sobre un Centro Cerrado
La historia de Yoga Genuth es, en esencia, la historia de dos épocas. Una primera, dorada, construida sobre el carisma, el profundo conocimiento y la dedicación de un auténtico profesor de yoga como fue Miguel Genuth. Su legado no reside en el local de la calle Medrano, sino en la comunidad de yoga que formó y en las vidas que transformó a través de una enseñanza rigurosa y espiritual. La segunda época, al parecer, ilustra los enormes desafíos que enfrenta una institución cuando su pilar fundamental desaparece. Los problemas de puntualidad, la falta de atención a los principiantes y la incapacidad de mantener un ambiente adecuado para la práctica son síntomas de una posible pérdida de rumbo.
Para los potenciales clientes que hoy busquen información sobre este centro, es crucial entender que ya no está operativo. Para la comunidad y otros centros de yoga, su historia ofrece una lección valiosa: la reputación construida durante décadas puede verse afectada rápidamente si no se mantienen los estándares de calidad, profesionalismo y, sobre todo, el respeto por el ambiente que una práctica como el yoga requiere para florecer.